26 mar 2012

Mis brazos quedaron cortos

(Escrito el domingo, 15 de Agosto del 2010)

Fuiste el centro de atracción, todos te miraban, se acercaban a ti, reían con tus bromas, pensaba que dónde habría muchedumbre de seres que te conocían y te admiraban iba a existir la mínima humanidad de darse cuenta de los pasos que dabas, de las miradas que tenías, las sonrisas o quejidos que podrías dar... pero no fue así. Estabas allí presente pero a la vez ausente de tantos ojos y de tantos halagos, estabas allí, pero a la vez no estabas, nuestros ojos estaban enceguecidos por las muchas cosas que atrapan nuestras vistas, y que deleitan nuestros oídos, no fue suficiente tus bromas corporeas para que te prestemos atención, no fue suficiente nuestros oídos para oír tus llamados, no fueron suficiente nuestros ojos para dejar de contemplar lo efímero y contemplarte a tí que eres la razón de nuestra existencia y la razón de nuestra alegría. No fue suficiente tus lagrimas porque toda la gente llora y te confundimos entre la muchedumbre... sin darnos cuenta que eres única e insustituible.
Pero sigues allí, llorando, pidiendo auxilio, gritando más fuerte que las muchas palabras que nos distrajeron, mirando más sonoramente que los tantos ojos que nos pueden ver, diciéndonos a viva voz cuán equivocados nos encontrábamos. Enseñandonos a ser lo que debemos ser.
Me dijiste: ¿Papá, porque demoraron tanto en darse cuenta quién soy?
Te miraba y mis palabras quedaron cortas como mis brazos que no fueron capaces de sostener tu cuerpo indefenso.
Pero me sigues diciendo: ¡Papito! y me sigues extendiendo tus brazos, y me sigues abrazando tan fuerte como nunca nadie pudo hacerlo. Me sigues considerando a pesar de mis limitaciones fundadas en mis arcaísmos de padre.
Es tan latente lo antedicho como si hubiera sido un día como ayer.

No hay comentarios:

Publicar un comentario