(Escrito el lunes, 23 de Agosto del 2010)
Aprovechando la "hipnagogia" que es un estado de la mente entre el estar despierto y dormido, justo antes de dormir y también en el momento justo antes de despertar. Siendo que en este estado la mente se vuelve libertina para imaginar pues se desconecta de los sentidos y pierde referencia de la realidad, lo que propicia un momento de gran creatividad.
Teniendo en cuenta lo antedicho, resulta apropiado el momento para tener la posibilidad de crear y recrear mis más profundos pensamientos en este blog. Entonces lo que escriba es involuntario y solamente intentaré materializar lo que brota en mis pensamientos cuando estoy entre dormido y despierto.
Aquí podré correr tan rápidamente, saltar desmedidamente, volar por lugares reconditos donde alma humana jamás llegó, gritar hasta que sea necesario que vengan otras personas y me hagan callar porque resulta indebido, enojarme y reirme a la vez, comer con los dedos, sentarme en el suelo y perderme en las calles desconocidas, aquí intentaré vivir lo que murió, entre las lineas y parrafos podré escuchar las voces inexistentes y podré expresar lo inexpresable.
Este es el lugar donde entre dormido y despierto podré experimentar cosas semejantes a lo que me sucedio cuando era más chico. Me encontraba acostado en cama, y quise ir al baño, me levanté sin ponerme las sandalias salí en dirección del baño que se encontraba en la parte trasera de la casa, cuando llegué al baño de pie frente al water comencé a sentir un líquido que iba por mi barriga, luego por mis piernas, primero estaba tibio, pero luego cambio de temperatura y se puso frio, tan frio que quise taparme pero estaba todo mojado... me había orinado nuevamente en la cama.
O tener la capacidad de poder ver entre dormido y despierto aquel caballo gris delgado que volaba a la misma velocidad que aquel bus que me traía de Jaén a Chiclayo, aquel caballo delgado allí estaba presente entre ciertas nubes, esa escena me transportó por instantes a un estado glorioso que ya no quería despegarme pues ya no podía sentir el sonido del bus, solamente aquella paz que podría darme un espectáculo tan especial como de aquel caballo delgado gris.
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