(Escrito el sábado, 28 de agosto del 2010)Como olvidar aquellos ojos que disfrutaban al observar el verdor de los maizales, que se deleitaban en mirar las aguas como caían a caudales cuando llovía, que sentían el silbido suave del viento cuando el sol declinaba, aquellos ojos que solamente atinaban a mirar de reojo para ver si aquel también la contemplaba.
Como olvidar aquellos ojos que les fascinaba el griterío apabullante de los chicos, que entre risas y nostalgias iban y venían como quien buscando y como quien caminando, aquellos ojos que siempre se detenían a mirar quien dobla la esquina, pero a la vez que se cansaban y dormían.
Como olvidar aquellos ojos que contemplaban otros ojos, como cuales peregrinos unos ojos después otros, aquellos ojos que eran dominados por la curiosidad de saborear qué sentían los demás si ellos los miraban, allí presentes siguen aquellos ojos, que no logran calmar su sed misteriosa de ventilarse y seguir exhibiéndose.
Como olvidar aquellos ojos que entre risas y canciones se alegraban, se opacaban y aveces lloraban, como olvidar aquellos ojos que se deleitaban en la velocidad y la euforia del viento que acechaba, aquellos ojos que también se gloriaron en contemplar otros ojos, pero no olvidando los recuerdos de aquellos que grababa.
Como olvidar aquellos ojos bizcos que parecía que contemplaban un lugar, pero en realidad estaban contemplando con su mente y su ser lo que querían analizar, como olvidar aquellos ojos que mientras dormían veían más allá de la habitación que cerrada permanecía, aquellos ojos que antes que sucedan los acontecimientos ya lo habían contemplado, aquellos ojos que lloran cuando se cierran las puertas, escondidos y cabizbajos, aquellos ojos que abierta la puerta comienzan a reir y vivir cual pájaro que es libertado de su jaula.

