26 mar 2012

Aquella bendita noche

(Escrito el lunes, 23 de Agosto del 2010)

 Aquella noche, cuando algunos duermen y otros siguen en sus tertulias de medianoche, tú sigues allí, sigues allí sentado intentando observar lo que desde chico quisiste. Recuerdas como intentabas mirar a través de los ojos de los demás para saber que había más allá de sus palabras y de sus gestos, para poder descifrar el misterio de las personas, sigues allí, mirandote pero a la vez intentando mirar a los demás para saber realmente como funcionan las personas.
Te coges el pelo, masticas el lápiz, como no vienen ideas a tu mente, dibujas garabatos para ver si de ese modo te sale alguna soñolienta palabra que transmita tu sentir. Sentado al lado de tu cama, mirando a través de la ventana que conduce a la calle, recuerdas cuando caminabas con tu bermuda floreada, con tu polo blanco con un estampado de los guns roses y con tus sandalias blancas con franjas negras, cogias tu balde con desperdicios de los almuerzos y lo rellenabas con polvillo encima para que no hieda tanto y para disimular la verguenza que tenías al llevar esa comida para el chanchito que te esperaba ansiosamente, aunque no cocinabas, pero para el chanchito tu eras el mejor sheff.
Se apagan las luces del primer piso, el televisor dejó de sonar, escuchas pasos que suben a pisos anteriores al tuyo, escuchas como todo en casa deja de sonar, y el silencio adormece la estructura donde estás. La cama sientes que te está llamando, tus ojos se están cerrando, las ideas se están disipando, pero de pronto la recuerdas nuevamente, el impulso primario que tuviste al despertarte hoy, ese mismo impulso lo tienes en este momento, pensaste en ella, y pensaste que ella pensó en tí.
Apagas tus luces, con los pies descalzos sales del cuarto y te diriges al cuartito contiguo te lavas, miccionas, observas a lo lejos la luna, y piensas: "esa misma luna está mirando seguramente también ella", te diriges lentamente hacia tu cama, te acuestas y con un suspiro tan solemne, la recuerdas por última vez, pero entre dudas, temores, alegrías y sinsabores en la oscura noche, acostado sobre tu cama, sigues pensando, y te confundes crees que estás soñando, pero tus ojos siguen abiertos mirando a través de la densa oscuridad.

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