26 mar 2012

Como olvidar aquellos ojos

(Escrito el sábado, 28 de agosto del 2010)
Como olvidar aquellos ojos que hicieron estremecer todo donde ponía la vista, aquellos ojos pequeños, pero grandes a la vez; contemplativos pero huídizos; analizantes pero también sintéticos; aquellos ojos que todos temían, pero que a la vez se sentían atraídos por fuerzas misteriosas, aquellos ojos que lloraban pero a la vez se enfurecían, aquellos ojos con los cuales aún me persigues en mis sueños y en mis pensamientos, aquellos ojos que destilan rabia pero bonanza a la vez.
Como olvidar aquellos ojos que disfrutaban al observar el verdor de los maizales, que se deleitaban en mirar las aguas como caían a caudales cuando llovía, que sentían el silbido suave del viento cuando el sol declinaba, aquellos ojos que solamente atinaban a mirar de reojo para ver si aquel también la contemplaba.
 Como olvidar aquellos ojos que les fascinaba el griterío apabullante de los chicos, que entre risas y nostalgias iban y venían como quien buscando y como quien caminando, aquellos ojos que siempre se detenían a mirar quien dobla la esquina, pero a la vez que se cansaban y dormían.
 Como olvidar aquellos ojos que contemplaban otros ojos, como cuales peregrinos unos ojos después otros, aquellos ojos que eran dominados por la curiosidad de saborear qué sentían los demás si ellos los miraban, allí presentes siguen aquellos ojos, que no logran calmar su sed misteriosa de ventilarse y seguir exhibiéndose.
 Como olvidar aquellos ojos que entre risas y canciones se alegraban, se opacaban y aveces lloraban, como olvidar aquellos ojos que se deleitaban en la velocidad y la euforia del viento que acechaba, aquellos ojos que también se gloriaron en contemplar otros ojos, pero no olvidando los recuerdos de aquellos que grababa.
 Como olvidar aquellos ojos bizcos que parecía que contemplaban un lugar, pero en realidad estaban contemplando con su mente y su ser lo que querían analizar, como olvidar aquellos ojos que mientras dormían veían más allá de la habitación que cerrada permanecía, aquellos ojos que antes que sucedan los acontecimientos ya lo habían contemplado, aquellos ojos que lloran cuando se cierran las puertas, escondidos y cabizbajos, aquellos ojos que abierta la puerta comienzan a reir y vivir cual pájaro que es libertado de su jaula.

Si hoy fuera ayer

(Escrito el sábado, 9 de octubre del 2010)

Si hoy fuera ayer, comenzaría a estudiar más y vagar menos,
Si hoy fuera ayer, estaría mas tiempo con mis padres y menos con los "amigos",
Si hoy fuera ayer, contemplaría más y hablaría menos,
Si hoy fuera ayer, me fijaría en las cosas más importantes y no en las pasajeras,
Si hoy fuera ayer, no hubiera aceptado tan rápidamente proposiciones,
Si hoy fuera ayer, sería más cuidadoso con mi ser entero,
Si hoy fuera ayer, cometería los mismos errores y aciertos,
Porque por la suma de mis errores y aciertos existe quien soy.

En la ausencia…

(Escrito el jueves, 26 de agosto del 2010)
 
Pensaste que se fue, pero estaba allí presente, observando lo que hacías, observando cuando caminabas detrás de alguien para que te brindara un poquito de su tiempo. Allí se encontraba mirando detenidamente cada uno de tus actos, cada una de tus miradas, mirando como caminabas, como corrías, como te levantabas el pelo de tu frente para poder mirar bien, pensaste que se había ido, pero allí estaba observando los detalles de tus movimientos que dabas cuando él no estaba.
De sueño y cansancio dabas tus últimos pasos del día, porque te encontrabas activa durante todas las horas que el sol se pasea por encima nuestro.
Pensaste que ya estaba lejos, pero no, allí presente observaba todos tus movimientos... aunque llegó el momento de marchar y no sé que fue de tí.

Como un invisible

(Escrito el martes, 24 de agosto del 2010)

Amanecíste tirado en el suelo, observando como tus hermanos caminan, ventilándose en el aire fresco de la mañana, con sus sombras que les hace sentir como superseres, se miran y caminan orgullosos de lo que la sombra les engaña que hoy son... pero tú, continuas allí, como un invisible para los demás que compartieron contigo de aquellas tardes soleadas y de aquellas comidas que a las ganadas se servían, entre risas y burlas por el que se fue quedando atrás, tus ojos están marcados por la sequedad, sientes que la vida se te va, tu cuerpo lentamente se va haciendo más pesado, no tienes fuerzas para nada, a tus ojos se les va yendo la humedad que disponían, una espesa lágrima cae por tus mejillas y llega al suelo, estás allí recordando lo grandioso que fue pasar un tiempo por la vida.
Cierras los ojos, sientes el tiempo como una eternidad, te levantas y comienzas a correr, saltas y llegas hasta el techo de la habitación, sientes que tu cuerpo es más liviano que antes, sientes que cuando saltas puedes llegar más arriba que antes, sientes que ya no eres el pequeño que fuiste sino que eres distinto, comienzas a sentir el viento soleado que toca tu cuerpo, miras a lo lejos y ves a algunos de tus compañeros que también hacen lo mismo y sueltas un cántico que jamás pudiste escuchar antes, aquel cántico que solamente se pueden escuchar de tiempo en tiempo cuando un ángel canta.
Pero miras hacia abajo y ves a tus hermanos, ellos siguen allí, siguen siendo pequeños, siguen correteándose por un poco de comida entre risas y burlas, siguen buscando quedar en primer lugar... intentas cantar más fuerte para que puedan oirte y puedan ver lo grande que eres ahora, y puedan ver lo tan alto que puedes saltar, pero es vano, ellos siguen vacilando en el tiempo siguen haciendo lo que siempre solias hacer cuando eras pequeño, ellos siguen viviendo como ignorando tu presencia.
 Bajas lentamente, te paras al lado de ellos, pero tus hermanos caminan, conversan, rien, por ratos se ponen tristes, no te das cuenta por qué, pero luego entras por aquella puerta de donde saliste transformado en otro, y miras un ser pequeño tirado en el suelo, con los ojos entreabiertos, con el cuerpo quieto, con el cuerpo acariciado por el viento soleado de la mañana.

Aquella bendita noche

(Escrito el lunes, 23 de Agosto del 2010)

 Aquella noche, cuando algunos duermen y otros siguen en sus tertulias de medianoche, tú sigues allí, sigues allí sentado intentando observar lo que desde chico quisiste. Recuerdas como intentabas mirar a través de los ojos de los demás para saber que había más allá de sus palabras y de sus gestos, para poder descifrar el misterio de las personas, sigues allí, mirandote pero a la vez intentando mirar a los demás para saber realmente como funcionan las personas.
Te coges el pelo, masticas el lápiz, como no vienen ideas a tu mente, dibujas garabatos para ver si de ese modo te sale alguna soñolienta palabra que transmita tu sentir. Sentado al lado de tu cama, mirando a través de la ventana que conduce a la calle, recuerdas cuando caminabas con tu bermuda floreada, con tu polo blanco con un estampado de los guns roses y con tus sandalias blancas con franjas negras, cogias tu balde con desperdicios de los almuerzos y lo rellenabas con polvillo encima para que no hieda tanto y para disimular la verguenza que tenías al llevar esa comida para el chanchito que te esperaba ansiosamente, aunque no cocinabas, pero para el chanchito tu eras el mejor sheff.
Se apagan las luces del primer piso, el televisor dejó de sonar, escuchas pasos que suben a pisos anteriores al tuyo, escuchas como todo en casa deja de sonar, y el silencio adormece la estructura donde estás. La cama sientes que te está llamando, tus ojos se están cerrando, las ideas se están disipando, pero de pronto la recuerdas nuevamente, el impulso primario que tuviste al despertarte hoy, ese mismo impulso lo tienes en este momento, pensaste en ella, y pensaste que ella pensó en tí.
Apagas tus luces, con los pies descalzos sales del cuarto y te diriges al cuartito contiguo te lavas, miccionas, observas a lo lejos la luna, y piensas: "esa misma luna está mirando seguramente también ella", te diriges lentamente hacia tu cama, te acuestas y con un suspiro tan solemne, la recuerdas por última vez, pero entre dudas, temores, alegrías y sinsabores en la oscura noche, acostado sobre tu cama, sigues pensando, y te confundes crees que estás soñando, pero tus ojos siguen abiertos mirando a través de la densa oscuridad.

Entre dormido y despierto

 

 (Escrito el lunes, 23 de Agosto del 2010)
Aprovechando la "hipnagogia" que es un estado de la mente entre el estar despierto y dormido, justo antes de dormir y también en el momento justo antes de despertar. Siendo que en este estado la mente se vuelve libertina para imaginar pues se desconecta de los sentidos y pierde referencia de la realidad, lo que propicia un momento de gran creatividad.
Teniendo en cuenta lo antedicho, resulta apropiado el momento para tener la posibilidad de crear y recrear mis más profundos pensamientos en este blog. Entonces lo que escriba es involuntario y solamente intentaré materializar lo que brota en mis pensamientos cuando estoy entre dormido y despierto.
Aquí podré correr tan rápidamente, saltar desmedidamente, volar por lugares reconditos donde alma humana jamás llegó, gritar hasta que sea necesario que vengan otras personas y me hagan callar porque resulta indebido, enojarme y reirme a la vez, comer con los dedos, sentarme en el suelo y perderme en las calles desconocidas, aquí intentaré vivir lo que murió, entre las lineas y parrafos podré escuchar las voces inexistentes y podré expresar lo inexpresable.
Este es el lugar donde entre dormido y despierto podré experimentar cosas semejantes a lo que me sucedio cuando era más chico. Me encontraba acostado en cama, y quise ir al baño, me levanté sin ponerme las sandalias salí en dirección del baño que se encontraba en la parte trasera de la casa, cuando llegué al baño de pie frente al water comencé a sentir un líquido que iba por mi barriga, luego por mis piernas, primero estaba tibio, pero luego cambio de temperatura y se puso frio, tan frio que quise taparme pero estaba todo mojado... me había orinado nuevamente en la cama.
O tener la capacidad de poder ver entre dormido y despierto aquel caballo gris delgado que volaba a la misma velocidad que aquel bus que me traía de Jaén a Chiclayo, aquel caballo delgado allí estaba presente entre ciertas nubes, esa escena me transportó por instantes a un estado glorioso que ya no quería despegarme pues ya no podía sentir el sonido del bus, solamente aquella paz que podría darme un espectáculo tan especial como de aquel caballo delgado gris.

Punzadas que duelen en el alma

(Escrito el sábado, 21 de agosto del 2010)

Allí estabas acostada en una superficie blanda con patas de acero, cinco seres de indescifrables nombres cogían tu cuerpo domado por la impetuosa fuerza. Hacías esfuerzos increíbles para soltarte, tu llanto sonaba hasta lo profundo del alma, tus ojos buscaban un escape, tus manos temblaban estrepitosamente, mientras el verdugo acechaba con sus armas letales buscando la manera de hacer bien su trabajo, haciendo el menor dolor y causando el mayor espanto.
Allí estabas, y allí nos encontrábamos, mirándonos con ganas de soltarte y dejarte ir libre como lo es tu naturaleza, pero cogiéndote fuerte para que no escaparas y mirando fijamente al verdugo para que terminase más rápido y a la vez para que tu dolor sea menor.
Allí estabas, pero pensabas que nosotros ya no estábamos, pensabas que éramos zombis que hacían caso a una voz mayor y que tus gritos entre palabras entrecruzadas eran huecas para nosotros, pensabas sobre el gran poder del verdugo que no solamente hacía su labor con sus herramientas letales, sino que también dominaba nuestros pensamientos y acciones, pensabas que tu tortura era solamente para acallar alguno de los muchos pecados de tus padres, pensabas que gritando más ibas a despertarnos de nuestro dormitar.
Allí estabas, inmovil con tus ojos cada vez mas grandes, más rojos, más húmedos, más limpios a la vez, mirándonos y pensando que la tortura no iba a terminar.
Allí estabas un día como ayer, pero hoy ya no estás, hoy nuevamente volvíste a tu libertad, a esa libertad por la cuál gritaste, por la cuál ansiaste. Hoy estamos despiertos, ya no en el estado zombi como en el que nos encontrábamos un día como ayer. Hoy estamos otra vez el uno al lado del otro, como siempre fue, como siempre debió ser, como siempre será. Hoy el verdugo es parte de la memoria, que no será borrada de nuestros pensamientos, hoy él ya no está.

Mis brazos quedaron cortos

(Escrito el domingo, 15 de Agosto del 2010)

Fuiste el centro de atracción, todos te miraban, se acercaban a ti, reían con tus bromas, pensaba que dónde habría muchedumbre de seres que te conocían y te admiraban iba a existir la mínima humanidad de darse cuenta de los pasos que dabas, de las miradas que tenías, las sonrisas o quejidos que podrías dar... pero no fue así. Estabas allí presente pero a la vez ausente de tantos ojos y de tantos halagos, estabas allí, pero a la vez no estabas, nuestros ojos estaban enceguecidos por las muchas cosas que atrapan nuestras vistas, y que deleitan nuestros oídos, no fue suficiente tus bromas corporeas para que te prestemos atención, no fue suficiente nuestros oídos para oír tus llamados, no fueron suficiente nuestros ojos para dejar de contemplar lo efímero y contemplarte a tí que eres la razón de nuestra existencia y la razón de nuestra alegría. No fue suficiente tus lagrimas porque toda la gente llora y te confundimos entre la muchedumbre... sin darnos cuenta que eres única e insustituible.
Pero sigues allí, llorando, pidiendo auxilio, gritando más fuerte que las muchas palabras que nos distrajeron, mirando más sonoramente que los tantos ojos que nos pueden ver, diciéndonos a viva voz cuán equivocados nos encontrábamos. Enseñandonos a ser lo que debemos ser.
Me dijiste: ¿Papá, porque demoraron tanto en darse cuenta quién soy?
Te miraba y mis palabras quedaron cortas como mis brazos que no fueron capaces de sostener tu cuerpo indefenso.
Pero me sigues diciendo: ¡Papito! y me sigues extendiendo tus brazos, y me sigues abrazando tan fuerte como nunca nadie pudo hacerlo. Me sigues considerando a pesar de mis limitaciones fundadas en mis arcaísmos de padre.
Es tan latente lo antedicho como si hubiera sido un día como ayer.

Escacez de noticias

(Escrito el viernes, 12 de marzo del 2010)

Estamos sin noticias.
Sin noticias de esperanza.
Estamos sin noticias.
Sin noticias de amor.
Estamos sin noticias.
Sin noticias de Dios

Entropia cero, será posible en nosotros/as?

(Escrito el martes, 2 de marzo del 2010)

La entropía no es otra cosa que la manera de cómo podemos medir el desorden. Pero en primer término, ¿Qué es el desorden?. Siempre intento decir, espero ser escuchado, que mi desorden o grado de entropia es diferente al tuyo.
La entropía o Segunda Ley de la Termodinámica nos dice que a mayor temperatura hay mayor desorden. En nuestro caso como humanos al igual que los seres inanimados también existen grados de entropía o desorden. Es decir, cuando estamos a condiciones normales de presión o temperatura todo va bien, sonreimos levemente, hacemos lo que debemos y no hacemos lo que no debemos. Pero cuando hay algun cambio externo o interno, si hay algún aumento de presión o temperatura, entonces, nuestras células comienzan a caminar tan entrópicamente que después del orden habido viene el caos.
Esto ocurre ciertamente porque hace falta la templanza que es aquella virtud moral que modera la atracción de los placeres y procura el equilibrio, para poder estar en orden cuando las condiciones normales se alteren.
Entonces, ¿podemos hablar de entropía cero?, en lo personal creo que es imposible en vida, como también en muerte, por el hecho que aunque parezca que todo está en orden, siempre hay grados mínimos de entropía, presentes y silenciosas como las sombras del mediodía. Pero eso no ímpide que podamos llegar al grado de entropía cero cuando la promesa del Resucitado sea un hecho en nosotros.

Lecturas, no por favor

(Escrito el martes, 23 de febrero del 2010)

Cómo es la paradoja de la vida, cuándo estaba en el colegio y me decían que ya comenzaba el recreo, me apenaba porque quería seguir estudiando, pensaba en mí mismo, para que se creó el recreo si el cole era para estudiar... y hacía toda una serie de artilugios mentales con tal de sentirme bien conmigo mismo mientras caminaba por las veredas del "flamante" colegio Karl Weiss, afuera los demás chicos corrían, otros en las esquinas medio escondidos fumaban su marihuana, otros se manoseaban entre ellos, y yo como siempre pasaba mirando o el cielo o la tierra, pero como un desconocido ambulante en medio de mis pseudoamigos. y me preguntaba a mí mismo por qué existe el recreo. Hoy lejos de mis años mozos de escolar me digo a mí mismo "si estuviera en esos tiempos, aprovecharía mejor mi tiempo, aunque sea observaría o entraría a la ridícula pero necesaria socialización en el futbol o también a lo necesario pero fatuo pegarse entre compañeros... pero ya es tarde.

Así mismo cuando pienso en mis viajes que hago, algo de 40 o 50 al año me da cierta nostalgia el volver a viajar, el saber cuándo voy a coger el próximo bus, quién irá conmigo en esas horas de viaje (si viajo solo) o qué pelicula pasarán cuando esté viajando... pero a la hora de la hora siempre ocurre lo mismo o mejor dicho casi siempre, a la hora que subo al bus, el olor fétido y horripilante del bus guardado, como si recién lo abrieran después de un mes de guardado. Pero después de unos días ese encuentro desencontrado se elimina de mi mente y nuevamente añoro un viaje más.

Ahora estoy en un curso intensivo de Historia, estamos estudiando en las mañanas y en las tardes y noches tenemos que estar leyendo, unas lecturas medias quebradas y hondas, profundas y escabrozas, que mejor prefieron no haber venido al curso, pero allí esforzándose un poco se logra, se terminan estos datos que al cerebro lo ponen en nudos completos y dan chocaque... Sé que volviendo al lugar donde salí voy a recordar con añoranza estos tiempitos de intensivas lecturas, resumenes y apreciaciones críticas de aquí y estaré con el deseo tempestivo de volver otra vez...

Apagón al medio día

(Escrito el viernes, 19 de febrero del 2010)

¿Cuándo se puede apagar la luz al mediodia? sino solamente cuando te falta caminar y ya no puedes dar un paso mas, o cuando quieres seguir hablando pero en la garganta se te hace un nudo tan fuerte que ya no puedes ni hablar, y peor aún no puedes ni pasar la saliva. ¿Cuando se apaga la luz?, sino cuando te la apagan o cuando tu ya no quieres que siga siendo de día porque ves que mejor es la noche que el día.

Veneno para ratas

(Escrito el viernes, 19 de Febrero del 2010)

Estos días en casa estamos asediados y vigilados a diario por nuevas y nuevos huéspedes ratones y ratas, no sé de donde han venido, ni hasta cuando se van a quedar. Por allí nos dicen que es probable que hayan venido porque al lado de la casa tenemos una vecina que hace chicha y por el desaseo frecuentan estos animalitos y siendo que hay muchas estan migrando a nuestra casa. O quizás porque simplemente nos quieren visitar. Un día se comieron un poco de queso, otro día un poco de pan, otro día quedó evidencia que nos habían acompañado durante la noche porque habían roto la bolsa de la mantequilla y se notaban las patitas en la superficie barrosa. Justamente ayer compramos un sol de veneno para ratas, lo chancamos y lo pusimos en unos tomates por mitades, hoy temprano ya no encontramos ningún tomate con veneno, esperamos que el efecto sea pronto.                        
Hablando de veneno para ratas, recuerdo que una sra. joven había decidido terminar con su vida tomando este veneno, ella estaba embarazada, tenia un hijo pequeño y un esposo irresponsable. Su decisión final fue tomar este mortal veneno con el único fin de quitarse la vida. Luego que lo tomó, fue auxiliada por algunas personas que transitaban cerca, la llevaron de emergencia al hospital, le hicieron los lavados gástricos pertinentes, luego de unos días regreso a casa muy delgada pero con muchas ganas de vivir, al bebe que llevaba en su vientre no le pasó nada. Había saboreado la muerte muy cerca de ella. A partir de allí pudo encontrarle más sentido a su vida.
Espero que las ratas que cogieron ese veneno no encuentren alguien que les auxilie, pero para las personas espero que los ángeles traducidos en personas puedan estar como el Ángel de Jehová que vigila a sus hijos e hijas y los defiende.