18 sept 2009

EL SENTIDO DE LO CRISTIANO


“Si usted me llama cristiano”, dijo últimamente un indostánico a un hombre de Occidente, “yo me daré por ofendido, pero si me llama hombre cristiano, será para mí un altísimo honor”. Las palabras no podrían ser sino más sugestivas. Ser cristiano no significaba para ese oriental sino profesar una religión determinada, pero “hombre cristiano” era para él, una persona que viviera de acuerdo con el espíritu y principios de Cristo.
Mucho se ha escrito sobre el cristianismo como religión histórica, como organización eclesiástica como sistema dogmático, pero mucho menos, y en español poquísimo, se ha dicho acerca de él como sentimiento vital y renovador. Yo no pienso ocuparme aquí de las pretensiones de tal o cual confesión cristiana de ser heredada legítima del cristianismo primitivo.
No me interesa tampoco en este instante decir cuál de las banderas dogmáticas que agitan las diversas agrupaciones cristianas interpreta mejor la ideología de los Textos Sagrados. Considero, pues, que muchos puedan fundamentar su derecho a llamarse cristianos por su vinculación eclesiástica o la pureza de su ideología, que no estén nada compenetrados por lo cristiano, vale decir, por el nuevo espíritu o sentido introducido al mundo por Jesús. Son cristianos, personas en quienes el espíritu de Cristo, del que nos habla en forma tan hermosa Ricardo Rojas en su “Cristo Invisible”, se haya hecho carne, transformándoles la vida entera, haciéndoles más hombres, hombres verdaderos. Pueden ser cristianos de profesión u oficio, pero no cristóforos, portadores de Cristo.
De suerte que es de lo cristiano de lo que voy a hablar ahora ¿Qué es lo cristiano? ¿Cómo hay que sentirlo? ¿Cuál es su sentido íntimo? ¿En qué forma se le da expresión más castiza?
Para adquirir el sentido cabal de lo cristiano es menester considerarlo desde dos puntos de vista: Primero, desde el punto de vista de la influencia que ha ejercido y ejerce, y segundo, desde el punto de vista de su esencia. Mirando actuar lo cristiano a lo largo de los siglos, quedamos convencidos de que hay una realidad que merece nuestra atención detenida. Captando el meollo de lo cristiano el corazón nuestro adquiere un nuevo sentido, el más potente y creador de los conocidos.

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